Segunda visita al Manicomio abandonado de La Barranca: Presencias extrañas

Cuando nos llamó su madre no nos lo creíamos: Carlos llevaba diez días desaparecido. Desconsolada, primero nos culpó de haberle metido en la cabeza la idea de ir al manicomio, pero finalmente entre lágrimas nos pidió que le ayudásemos, que hiciésemos algo.

Nosotros no lo dudamos. Nos sentíamos culpables. Íbamos a ir con él pero no nos poníamos de acuerdo sobre la fecha y lo íbamos aplazando y aplazando. El pobre Gabisch tenía muchas ganas de verlo y un día de locura decidió irse solo. Algo le pasó que nunca volvió.

Éramos solo tres (Monxo, Monter y yo) los valientes que acudimos en su búsqueda, tras la rajada en el último momento de Elena (no nos pilló por sorpresa). Esta vez fuimos más previsores. Llevábamos dos linternas y dos cámaras, y hasta miramos el clima previsto aunque al final nos la sudó que dieran lluvia y niebla. El rescate de Gabisch no podía esperar.

Llegamos a la Barranca, dimos una vuelta por los alrededores, fuimos a comprar pilas para una de las linternas y también a echar gasolina para tener el depósito lleno en caso de necesidad de huida. Al final en lugar de pilas compramos bollos y patatas. Estábamos preparados.

Todo lo que ocurrió a partir de entonces es algo que no olvidaremos jamás. Ese manicomio es el infierno, en él habita Lucifer, y desde hace poco también Gabisch. El video que grabamos da fe de ello.

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