Sobre el decepcionante final de Cómo Conocí a Vuestra Madre (spoilers)

“Fue un tortuoso y difícil camino lo que llevó al final del pasillo, y no todo en él fue perfecto. Para ser honesto, tampoco lo fue todo lo que ocurrió después. ¿Pero, qué lo es? Aquí está el secreto niños, ninguno de nosotros puede prometer ser perfecto. Al final todo lo que podemos hacer es prometer querernos con todo lo que tenemos. Porque amar es lo mejor que podemos hacer. Y en esa bonita tarde de primavera, eso es exactamente lo que Barney y Robin se prometieron el uno al otro. Y fue legendario.”

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Con este bonito discurso despide Ted el antepenúltimo capítulo de Cómo Conocí a Vuestra Madre (HIMYM). Nos tenemos que remontar al final de la cuarta temporada (o la tercera, mi memoria falla) para descubrir que Barney está enamorado de Robin. Que el tipo más mujeriego que jamás ha dado la ficción se enamora de la mujer por la que suspira su mejor amigo. Desde entonces, la serie sufrió un bajón importante. Barney (el mejor personaje por mucho que alguno se empeñe en darle ese privilegio al infantiloide e inocentón de Marshall) dejó de ser Barney, y este hecho, junto a la progresiva pérdida de interés en la interminable y soporífera búsqueda de Ted, se cargó una serie que hasta entonces había sido incluso elevada al nivel de Friends. No sorprendió el giro de Barney con Robin, si tenemos en cuenta que casi todo lo que pasaba en la serie de Ted había pasado ya en la de Chandler, Joey, Rachel y compañía. ¿Que Joey casa a sus amigos? Que Barney case a los suyos. ¿Que hacemos un concurso de preguntas sobre la vida de nuestros amigos? Nosotros no somos menos. ¿Que uno de los personajes tiene un segundo nombre de mujer? Venga va, por qué no ¿Que el ligón se enamora de la chica que siempre ha deseado uno de sus mejores amigos? Juntamos a Barney y Robin. La diferencia es que Kauffman, Crane y demás guionistas de Friends supieron reaccionar a tiempo. El affaire de Joey y Rachel duró menos de una temporada, lo suficiente para crear una nueva trama pero no cerrarle las puertas a un final que estaba escrito. No pasó así en HIMYM. El romance se alargó… y se alargó… y se alargó… hasta que el fan lo asumió y dio por hecho que juntos es como tenían que acabar. La tía Robin con el tío Barney. En cierto modo tenía sentido. Si Ted no podía acabar con Robin, al menos que lo hiciera otro de los protagonistas.

Imagen          Después de un grandioso final de octava temporada, donde el show alcanzaba posiblemente su punto álgido, y donde nos presentaban por fin a la dichosa madre, cabía esperar una novena y última que cerrara la serie de manera digna. Una temporada que haciendo honor al título, nos narrara de una vez por todas Cómo Conocí a Vuestra Madre. Sin embargo, es la boda de Barney y Robin lo que acapara todo el protagonismo, dejando en un plano secundario la relación de Ted con Tracy, a la que por cierto le sobra tiempo para ganarse el cariño del espectador. Y así, sin darnos cuenta, tras nueve largos años esperando llegamos al último capítulo, en el que confiamos se honre el título y se nos deleite con un final que nos haga creer que todo mereció la pena…

Imagen          Y entonces, el engaño. Una sucesión de acontecimientos importantes que podían haber dado para varias temporadas extra, narrados en cuarenta minutos. Barney y Robin, tres años después de la boda, deciden divorciarse. Vaya, ¿No os tirasteis cinco temporadas explicando lo guay que era esa pareja y lo mucho que se querían el uno al otro? Y lo que es peor, ¿No nos dijisteis en el capítulo anterior que tras su boda su vida juntos fue legendaria? Ni siquiera se molestan en dar explicaciones. No funciona. Punto. Qué más da. Si es un hecho insignificante. Por lo visto Robin viaja mucho y a Barney no le gusta vivir así. Robin, esa “diva” que nos hacen creer que es, ese hombre sin gracia metido en un cuerpo de mujer, prefiere su trabajo antes que al hombre que lo ha dado todo por ella. Y no solo eso, la buena de Robin, esa gran persona que estaba dispuesta a pirarse el mismo día de su boda con el mejor amigo de su novio, de repente, sin motivo alguno, deja de hablar a sus amigos, y en concreto, a su mejor amiga Lily. Es demasiado famosa para acordarse de ella. Pero como aun así, nuestra querida Robin sigue siendo súper guay y la favorita de los guionistas, deciden que sin más, hay que matar a la mujer de Ted, a la que apenas conocemos pero que llevamos nueve temporadas esperando, por supuesto otra vez sin una sola explicación. Hay que matarla para que Ross acabe con Rachel. Ups, perdón, para que Ted acabe con Robin. Porque hace nueve años, en esa primera e ilusionante temporada, era el final que todo el mundo esperaba, pero que los guionistas a base de esfuerzo e insistencia, a base de cargarse la serie, consiguieron quitarnos de la mente hasta convencernos de que Robin estaba mejor con Barney. No dudo que incluso ellos mismos estaban convencidos, lo cual agrava el arrebato final que les llevó a escribir el más chapucero de los finales que una comedia de TV recuerde.

Imagen          Y así, con un Ted viudo que vuelve con una rastrera Robin porque perdió al amor de su vida, con un Barney enamorado de una hija que ni sabemos de quien es, y unos Marshall y Lilly que pasan a un tercerísimo plano, así, con ese final triste y amargo, se despide una serie que aunque solo sea por los muchos (a veces no tantos) buenos y divertidos momentos que nos ha hecho pasar, merecía un final legendario.