“Perdona ¿nos haces una foto?”

“Perdona, ¿Nos haces una foto?” se trata de una frase que empleamos cuando no queremos hacer un selfie. Generalmente requiere de un momento previo de reflexión, en el que decidimos qué persona desconocida de nuestro alrededor creemos que está más capacitada para tomar una buena fotografía que posteriormente colgaremos en el Feisbu.

Se trata de una decisión delicada y son muchos los factores a tener en cuenta en escasos segundos. Una apuesta sobre seguro es escoger a un asiático. No suelen fallar. Pero, ¿y si no hay ninguno? ¿Qué debemos hacer? La segunda opción es buscar a alguien que lleve una cámara consigo, a ser posible una réflex. Y cuanto más vieja la cámara, más posibilidades de que nos haga una buena foto. Un tercer factor bastante relevante es la propia edad del susodicho. Es importante que haya nacido y crecido con cámaras de carrete en las que cada foto tuviera valor, por lo que hablamos de gente de treinta y pico para arriba.

En conclusión, si estáis de turisteo y queréis que os hagan una buena foto, buscaos un chino de cuarenta años que lleve una réflex consigo. Pero si se da el caso de que no encontráis ninguno, solamente os queda rezar. Rezar porque os hagan una foto decente y no tener que perder el tiempo felicitando al genio por la lamentable foto para no dañar su sensibilidad, para acto seguido esperar a que se aleje lo suficiente y así pedirle a un nuevo desconocido que saque la foto que, quien sabe, pueda o no ser definitiva. En serio, al final siempre es mejor esperar a que aparezca un chino. Tarde o temprano siempre aparecen.

Y si no aparecen y os toca un “lince” de la fotografía, tendréis que aguantar que no salga aquel monumento por el cual os queréis hacer la foto, o tendréis que aguantar salir torcidos, cortados o lo que es peor, borrosos. Porque sí, los hay que sacan la foto, ven el resultado y se la suda todo. Fue el caso de aquel hombre calvo y gordo (habrá calvos gordos que sepan hacer fotos, no saquéis conclusiones de esto, puede ser solo casualidad), al que cometimos el error de pedirle una foto en el casco viejo de Gante. Imagen La hizo, comprobó el resultado, nos devolvió la cámara, y se fue. ¡Se fue! Pero repito, no menospreciéis a los gorditos calvos, ellos no tienen la culpa de que aquel señor gantés naciera tan poco habilidoso para la fotografía. Esperamos a que se fuera y nos hicimos otra foto. Esta vez creo que pillamos a un chino así que el resultado fue positivo. Imagen Poco después del viaje a Gante, en Budapest vivimos otro momento memorable y que en el fondo agradecemos porque es otra anécdota divertida que contar, difícil de olvidar. Estábamos cruzando uno de los puentes que separan Buda y Pest, y las vistas de ambas ciudades invitaban a sacar una foto de recuerdo, de los seis que en esta ocasión hicimos el viaje. Cometimos un gravísimo error, un error del que aprendimos una lección para toda la vida: jamás le pidas una foto a una niña de 11 años. Pueden pasar cosas como esta. ImagenDespués de admirar la calzada del puente mientras llorábamos de risa, conseguimos una foto decente, en la que por lo menos se puede observar que detrás de nosotros hay algo que merece la pena fotografiar. ImagenPero como el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, pocas semanas después, en una visita de un día a Amiens, cometimos el error de pedirle una foto a un chaval de unos catorce años. El resultado fue sorprendente. ImagenNadie podría deducir cuál es el objeto que motivó el hacernos esta foto. Porque básicamente es imposible. Podría ser ese edificio cortado de detrás, pero no. Como siempre, tuvimos que pedirle a otra persona que nos la hiciera, pero esta vez explicándole que queríamos que se viera el reloj. ImagenAlgo parecido ocurrió meses después en Berlín. Fuimos a ver un partido del Herta de Berlín, que juega en el mítico Olympiastadion, el estado olímpico de la ciudad, con casi cien años de antigüedad. Le pedimos la foto a un negro (y una vez más, como ocurrió con el gordito gantés, no saquéis conclusiones precipitadas) y esto es lo que hizo. ImagenImagino que el hombre, anonadado por nuestra belleza, decidió sacarnos a nosotros y no al estadio, del que apenas se ve algo. Lo grave es que al ser un estadio olímpico, construido como tal para albergar los Juegos Olímpicos de 1936, tiene una torre con los anillos olímpicos, que obviamente queríamos en la foto. Esta vez el hombre no se alejó, así que nos tuvimos que mover nosotros e intentarlo de nuevo, otra vez teniendo que explicar lo que queríamos. El resultado fue bueno, a excepción de la pose de imbécil del chico guapo de en medio. Imagen Por último, el caso más reciente y el que me motivó para escribir esta entrada, tuvo lugar hace menos de una semana en Londres. Allí nos fuimos sin entrada a ver el Chelsea-Atleti con la peña colchonera de la capital inglesa, y quisimos como recuerdo tomar una instantánea en Picadilly Circus, con el característico edificio de la publicidad de fondo. Le pedimos el favor a un hombre que además de español resultó ser un artista. Imagen   Imagen Imagen ImagenLo dicho, un artista. Ni una ni dos ni tres, sino cuatro. Al final nos tuvimos que sacrificar uno de nosotros para tener lo que queríamos. londres buena Y ya me he cansado así que esto es todo, pero seguro que ha habido y habrá más. O al menos eso espero.

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