El señor y la vieja

Siete y media de la tarde. Miércoles. Finales de 2013. Patio del Pilar. El que fue mi colegio. Unos niños jugando al fútbol. Parecen pequeños. Doce años. O trece. Primero de ESO. Segundo quizás. Pregunto a Nacho Medina. El más grande. El único. El irrepetible. “Son de segundo de Bachillerato”, dice. Es decir, diecisiete años. O dieciocho. Mayores de edad. “Pero si son niños”, pienso. Tan tiernos. Tan juguetones. ¿Tan mayores somos?

niñosNiños de dieciocho años jugando al fútbol

Una de la mañana de un jueves de febrero. Tribunal. Teatro Barceló. Antiguo Pachá. Reservado. Fiesta aniversario del 20minutos. Publicistas. Currantes. Gorrones. Música. Tarta. Ron. Termina. Nos hacen bajar. Colas. Niños. Niñas. Son jóvenes. Demasiado. Para los de treinta. Para los de veinticinco. Me encuentro a una niña. Tiene diecinueve. Está con sus amigas. Diecinueve. No pintamos nada. Nos vamos. A un karaoke. Lamentable. ¿Tan mayores somos?

pacha

Niñ@s de diecinueve, en el Teatro Barceló

Siete y cuarto de la tarde de un jueves de marzo. Cita en el hematólogo. Aparco. Entro. Espero. Ni caso. Una hablando con el móvil. La otra en Jauja. Por fin una se acerca. “Un momento cariño”. Maja. “Ahora te atiendo”. Simpática. Entra una vieja. Setenta y pico. Quizás ochenta. Se acerca. Le habla. “Te dejo aquí los papeles”. Dice la vieja. “Y me siento”. Continúa la vieja. “Mientras atiendes a este señor”. Concluye la puta vieja. Y me atiende. A mí. Al señor. En serio… ¿Tan mayores somos?

Señor yo

Yo, a ojos de la puta vieja

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