Crónica de un viaje a Burdeos

“Deberías fabricar gofres de corcho de peluche”

Alejandro Arranz Chicharro, 3 de julio de 2015, Burdeos

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Bordeaux

Han pasado ya dos años desde que nuestro colegui universitario Álvaro Granados iniciase su aventura francesa en Burdeos, esa bellísima ciudad del sudoeste vecino a la que acertadamente algunos denominan como “Le Petit Paris”. Allí se fue siguiendo a una chica, como reconoció hace un par de semanas ante la prensa local, y allí se quedó montando un imperio de corcho al descubrir que se trataba de la ciudad de Francia con mayor índice de mujeres de entre 25 y 31 años. Nada que sorprenda viniendo de un chico que tacha países del mapamundi, y no precisamente por haberlos visitado.

Como es tan guapo y le echábamos tanto de menos, decidimos aprovechar la llegada del verano para visitarle. Para ello nos juntamos el que posiblemente sea el mayor grupo de subnormales que se ha visto junto jamás, y liderados por Chicalvo iniciamos un largo y apoteósico periplo hacia tierras gabachas. La primera cuadrilla, compuesta por el hermano hipster del gordo de Héctor, el gordo de Héctor, Chicalvo y un atractivo servidor, partimos del Barrio de Hortaleza de Madrid a eso de las diez de la noche del miércoles, previo paso por casa del señor Granados, pues los hermanos tenían un partido de empresa en el recinto al que da nombre el mejor entrenador de la Historia de España: Luis Aragonés. Allí conocimos a los chicos de Mindshare, grandes personas a las que dedicamos una canción de camino a Logroño, nuestra primera parada.

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Chicalvo, con el uniforme de trabajo

Llegamos sobre la una y media de la mañana y nos recibió nuestro guiri logroñés Torquemada para enseñarnos una ciudad que sorprendentemente no es nada fea. Tras hora y media de turismo nocturno y después de que Chicalvo nos contase la apasionante historia de cómo le pidió un aumento de sueldo a su jefe por ir a trabajar en bañador, dejamos el coche en el parking reservado para oficiales y dormimos en la residencia de la Guardia Civil. Así, de gratis.

A la mañana siguiente, aún sorprendidos por donde habíamos pasado la noche, dejamos atrás Logroño y cruzamos la frontera sin olvidarnos de visitar el Mercadona. Paramos en Biarritz por recomendación del señor González, recomendación reforzada por Chicalvo, quien por lo visto ahora sabe de todo. Parece que sí merece un aumento de sueldo. Y un injerto. Estuvimos poco tiempo, lo suficiente para que nos decepcionase, quizás por las altas expectativas que nos habíamos creado.

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Biarritz

Continuamos la marcha y por fin, veinticuatro horas después de haber salido de mi casa, arribamos a las afueras de Burdeos, la cosa más fea que he visto en mi vida. No teníamos GPS por lo que como era de esperar nos perdimos, pero como tres de los cuatro somos personas inteligentes conseguimos llegar a casa del fucker. No había pasado ni media hora desde el reencuentro lleno de besos y abrazos cuando el hijo de puta del vecino subió a quejarse de que estuviésemos hablando tranquilamente en el salón. Sin darle demasiada importancia salimos a dar una vuelta en bicicleta por el centro de la ciudad y pudimos comprobar que lo de la pequeña París le hace justicia. Calles llenas de encanto plagadas de locales franceses de todo tipo, plazas verdes, fuentes, tranvías, edificios impresionantes y un río enorme con orillas repletas de vida. Magnífico.

Españoles en Burdeos

Españoles en Burdeos

Volvimos a casa a cenar mierda, beber un poco y esperar la llegada del Sheriffo Richard y de Daniel Castaño, el mayor personaje de todos los tiempos. A pesar de la insistencia de Granados por no salir, acabamos pillando bicis y yendo al centro. No tardaron en llegar las primeras caídas y el primer “Españoles, ¿no?”, que nos dedican avergonzados nuestros compatriotas cada vez que hacemos un viaje al extranjero. Lógico. Entramos pagando diez euros a un antro asqueroso donde nos sirvieron matarratas y donde fuimos la novedad y atracción durante quince minutos. Pronto la gente se dio cuenta de nuestra imbecilidad y decidió que lo mejor era marcharse a dormir, por lo que nos quedamos prácticamente solos hasta que nos echaron para cerrar. De vuelta a casa, Chicalvo demostró que borracho puede ser aun más tonto que sobrio aunque sea difícil de creer, y Castaño se cayó por enésima vez con la bici, en esta ocasión para hacerse una herida profunda que le estuvo sangrando dos días y que bien pudo merecer al menos un par de puntos de sutura. La noche acabó ahí y Burdeos entera por fin pudo descansar.

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Duna de Pilat

El viernes “madrugamos” para visitar la Duna de Pilat, la más grande de Europa a la que rodea un bosque inmenso sin horizonte y una playa salvaje bañada por el Atlántico. Allí pasamos gran parte del día quemándonos los pies, mojándonos en el mar, comiendo bocatas y jugando con los cangrejos, graciosísimo animal sobre todo cuando está muerto. Un día relajante y productivo. Tomamos unas cuantas fotografías para corkup.fr y volvimos a Burdeos dirigidos por Granados y su conducción de Rally, quien nos estuvo dando vueltas por la ciudad hasta que decidió asumir su fracaso y tirar de GPS. Aléjense de Chicalvo, que contagia. Llegamos a casa, nos duchamos, cenamos unos maravillosos macarrones con chorizo, bebimos acompañados por Gandalf y nos fuimos a una discoteca inmensa. Para variar cogimos bicis por lo que el grupo se dividió en dos a los cinco minutos, cuando llegó la primera caída doble y Granados decidió tirar hacia delante demostrando que si el premio del Tour tuviese pechos lo ganaría pedaleando con la cola, su órgano decisorio principal. Aquellos que conseguimos seguirle llegamos al sitio llenos de sudor y sangre, pero lo compensó el poder entrar gratis y comprobar que estaba lleno de gente y salas con diferentes tipos de música. Una hora y media después llegaron los rezagados, aún sin saber cómo, y Chicalvo se hizo un esguince en suelo llano estando parado. A ninguno nos sorprendió. Estuvimos un largo rato bailoteando por allí hasta que nos dimos cuenta que habían echado a Héctor supongo que por alcohólico, momento en el que salimos a buscarle para irnos directos a casa. IMG_9467 El sábado teníamos pensado visitar un pueblo cercano lleno de viñedos, pero entre que nos levantamos tarde, estábamos cansados, el calvo tenía un esguince y no habíamos visto casi nada de Burdeos, decidimos quedarnos en casa a comer y visitar la ciudad con calma. Una vez más cogimos nuestras adoradas bicicletas y pedaleamos hacia el centro donde vimos poco más que el primer día. Degustamos vino, queso y foie francés, y nos tumbamos a tomar algo en el paseo del río.

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La Eurocopa de fútbol 2016 será en Francia

Se nos hizo de noche y los no lisiados volvimos a casa en bicicleta, disfrutando una vez más de la belleza de esa ciudad. Allí habíamos quedado con Alice, una chica de no sé cuántas nacionalidades a la que Chicalvo, Richard y yo habíamos conocido en el tranvía la noche anterior. Apareció sola y asustada, pues se encontró entrando en el portal de siete desconocidos extranjeros, pero como en el fondo somos buenos muchachos pronto la hicimos sentir como en casa. Ni siquiera le importó que Richard le sacara fotos con escaso disimulo como un auténtico violador. La idea era ir a no sé qué locales en unos barcos, pero se nos fue haciendo tarde y encima el hijo de puta del vecino llamó a la policía sin habernos avisado antes. Como es lógico nos tuvimos que ir, con Granados hundido y ya sólo pensando en una cosa: copular. Nos protegimos de la lluvia, huimos de un asesino, y fuimos abandonados por el propio Granados que se fue en bicicleta llevando a la chica a su casa.

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Los niños y Alicia en casa Granados

Anduvimos dirección al centro sin ningún plan en mente y nos encontramos con una house party. Fue una meada en una maceta de Castaño lo que hizo que entablásemos conversación con ellos y nos los fuéramos ganando poco a poco, hasta que por fin nos dejaron entrar. Así que nos encontramos a las cuatro y pico de la mañana en la casa de un negro cuyos amigos eran un surfero gordo y viejo, un rapero cuarentón demacrado y con náuticos, una especie de persona negra cuyo género desconocíamos y algún que otro espécimen, la crème de la crème francesa. Nos acogieron de maravilla, invitándonos a vino, Play Station y rapeándonos. Pas projet. Tenían un puto gato y como soy alérgico no tardé en irme a casa con Granados, que había aparecido por allí con Alicia sin haber conseguido su objetivo. La noche terminó más tarde para unos que para otros con un desayuno de alubias riojanas que habíamos adquirido en el Mercadona. Fascinante.

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La Concha, San Sebastían.

Dormimos lo que pudimos, recogimos y emprendimos el viaje de vuelta a España. Unos tuvieron que poner rumbo directo a Madrid, pues tenían que llevar a una señora hindú y a una especie de rumano que según nos cuentan se pasó el trayecto entero bebiendo cerveza, fumando y dando masajes. Otros tuvimos la fortuna de poder parar un buen rato en San Sebastián a comer helados y pinchos, y disfrutar de la Concha, sus calles y sus bares. Llegando a Madrid al bueno de Chicalvo le entró la vena sentimental y nos comentó que teníamos que hacer más viajes de estos, que nos echaba de menos. Supongo que todos pensamos lo mismo. Al fin y al cabo fueron cinco años juntos en CCInfo, tumbados en el césped bebiendo sangría, jugando a las cartas, comiendo jumpers y superando juntos los duros exámenes de la carrera de Publicidad y Relaciones Públicas. Sí, puede que por una vez y sin que sirva de precedente, Chicalvo tenga razón.

Caen los precios,

Sube el paro,

Y empresarios sin reparo,

Despiden gente.

Nada bueno,

Todo malo,

Los impuestos se destinan,

A los bancos.

Qué más da que los Estados,

Miren hacia el precipicio.

Deberíamos preguntarnos,

¿Qué hicimos mal al principio?

Viva la crisis

Si me sigues dando besos

¿Qué puede haber más importante que eso?

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Un gordo y un calvo.

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One thought on “Crónica de un viaje a Burdeos

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