El perro (Parte I)

Hace 40.000 años apareció el Homo Sapiens, o lo que es lo mismo, el hombre como lo conocemos hoy día. Aquel ser, más débil físicamente que otras especies y por ende a priori con menos posibilidades de sobrevivir en un mundo salvaje, se elevó por encima del resto de vida del planeta gracias a una característica única y especial: la inteligencia humana. Gracias a esa inteligencia, el hombre pudo construir hogares, desarrollar métodos de caza y supervivencia y evolucionar como ninguna otra especie lo había hecho desde el Big Bang o desde que el Todopoderoso chascó los dedos y creó la Tierra. 40.000 años después, en el año 2016 d.C, el ser humano es el amo del mundo. La especie más desarrollada. El ser más inteligente del planeta.

Porque el ser humano abre un grifo y sale agua. Pulsa un botón y enciende una luz, prende fuego o manda un mensaje que leerán al momento en la otra punta del planeta. Navega los mares, sobrevuela las nubes y maneja a su antojo el entorno. El ser humano caza, pesca y recolecta, y a veces incluso genera su propio alimento. Es poseedor de un conocimiento profundo del mundo, pues domina las ciencias que él mismo ha creado. Y si enferma, acude a un hospital o toma un medicamento y sana. El ser humano observa las historias y vidas pasadas y presentes de sus semejantes a través de una pantalla. Explora continentes, inventa deportes, compone sinfonías y elabora deliciosas recetas. El ser humano habla 5000 lenguas y vive en 2 millones de ciudades, ciudades con rascacielos de pisos o chalets, con sus sofás, cocinas, baños, jardines y piscinas. Duerme en cómodos colchones, apoya su cabeza en esponjosas almohadas, se cepilla los dientes, se enjabona y se perfuma. El ser humano… el ser humano es el amo del mundo. La especie más desarrollada. El ser más inteligente del planeta.

Me desperté a las 7.30h de la mañana de un viernes en un chalet de la Sierra de Madrid. Aparté las sábanas y me levanté de la amplia cama. Me lavé los dientes, bebí agua, me duché, ojeé la prensa desde el móvil, me vestí y me perfumé. Bajé las escaleras y del mueble de la entrada cogí las llaves del coche para irme a trabajar. Un sonido portentoso llamó mi atención. Despatarrado en uno de los sofás del salón, roncando y posiblemente soñando con la roñosa pelota de tenis que tanto le gusta morder, estaba Babas, el bulldog de mi hermano. Le observé durante un minuto, envidiándolo. Salí de casa y conduje hasta Madrid. Cuando volví por la tarde me lo encontré durmiendo, en otra postura, en otro lugar. Se desperezó y me saludó entusiasmado. Se emocionó cuando salí al jardín y le tiré la pelota. Forcejeé con él y cuando nos cansamos nos tumbamos en el césped. Yo pensando en el alquiler de la casa, el trabajo, el fin de las vacaciones, en qué cenar esa noche. Él seguramente pensando en jugar con la pelota, morder algún que otro palo y dormir.

El ser humano es el amo del mundo. La especie más desarrollada. El ser más inteligente del planeta.

Babas, el perro, pasando la vida

Babas, el perro, pasando la vida

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s