El Perro (Parte II)

Voy camino de aquel sitio donde no quiero estar. Esquivando líneas blancas y alcantarillas. Respirando la gasolina quemada de cientos de coches que se aglomeran obedeciendo la orden de las luces rojas. Lo veo en sus caras. Frustración y tristeza. No entienden nada. E igual que yo, van camino de aquel sitio donde no quieren estar. Es lunes y llueve. Espera una jornada de ocho horas delante del ordenador, obedeciendo órdenes. Y así hasta el viernes. Y así siempre. No les queda otra. Y lo leo en sus caras… ¿Quién fue el genio que diseñó este mundo?

Así que llego a la oficina, me pongo los cascos y me encuentro con Sigur Rós. Casi me había olvidado de su existencia. Y durante unos minutos me contagian la paz. Se me viene algún recuerdo de Lille, donde los vi en directo. Pero no hay tiempo para eso. Empiezan las llamadas, las taconeos, los mails, las peticiones, y las órdenes, siempre las órdenes. Ya no hay paz. Adiós Sigur. Jodido genio el que diseñó este mundo.

El lunes acaba, por fin, aunque volverá. Volverá para matarnos. Y de vuelta a casa me encuentro con un parque. Sigue lloviendo. ¿Habrá alguien dentro? Y entro. Césped mojado. Se huele. Mantos de hojas. Una ardilla que huye. No oigo los coches, sino los pájaros. A lo lejos un señor mirando. Mirando a su perro. Que corre. Que husmea. Que explora cada rincón de ese parque. Y persigue a la ardilla sin parecer imbécil. Y aunque lo pareciese, ¿qué más da? Está donde quiere estar. Con quien quiere estar. No pide más. No necesita más. ¿Qué será de aquella vaca escocesa? Saludo al señor. Y me sonríe. Tiene cara de buena gente. Y tiene cara de paz. La que le da su perro. Y vuelvo a pensar en Rust Cohle. “Dejar de procrear, darnos la mano y caminar juntos hacia la extinción.” Y entregarle el mundo a ellos y a los otros. Los que lo tratan bien. Los que lo merecen.

Nueve de la noche. Ya en casa. Me pongo el pijama y me siento en el sofá. Enciendo la tele. ¿Tendrá ya gobierno Trump? ¿Han reventado un hospital dónde? ¿Corrupción otra vez? El ser humano. Apago la tele y me pongo música. Es mejor no pensar en nada. Al menos hoy. Luego veré una peli. Música y cine. Cine y música. ¿Eso también es cosa del ser humano? Quizás haya esperanza. Incluso Rust Cohle la tuvo. Además, creo que el perro nos necesita.

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